“No desesperes ni te desanimes, lector, porque esté prohibido, so pena de perder la vida y los bienes… leer la Palabra que sanará tu alma… ya que, si Dios está de nuestro lado, qué más da a quien tengamos en contra, sean obispos, cardenales, papas.” (“La obediencia del cristiano”, 1528).
En la historia de la fe cristiana entre los pueblos de habla inglesa, la traducción de la Biblia de William Tynda le fue la que hizo de Ellos “un pueblo del Libro”. La vida de él fue vertida aun hasta el punto de muerte para lograr ese objetivo, y cada generación de creyentes necesita escuchar nuevamente la historia de su vida y su muerte”. (Michael A. G. Haykin).
La Reforma no se trató de uno, dos o tres grandes nombres: Lutero, Calvino, Zwinglio, sino de un movimiento masivo de convicción, audacia y alegría cristianas que les costó sus vidas a muchos hombres y mujeres. No sólo fue que Lutero estaba rodeado de reformadores en Alemania, sino que también muchos héroes de la fe menos conocidos se levantaron por toda Europa, como William Tyndale, quien tradujo el Nuevo Testamento al idioma inglés y, por primera vez, transmitió el lenguaje bíblico en un lenguaje accesible al pueblo, aunque eso le costara la vida misma. Fue un esclavo de Cristo en amor, quien enseñó que todos los beneficios espirituales que Dios otorga son por causa de Cristo, y no por nuestros méritos, verdad ésta que le hizo rebelde en contra de la tiranía papal y, finalmente, como consecuencia, mártir de la fe cristiana.
Juventud y estudios
Poco o casi nada se sabe de su vida temprana. Probablemente nació el 6 de octubre de 1494, en un pueblo cerca de Dursley, Gloucestershire, Inglaterra.
La educación de Tyndale no fue descuidada, recibiendo la mejor de su época. Se educó en las Universidades de Oxford y Cambridge. Su habilidad para aprender nuevos idiomas fue sobresaliente. Aparte de su lengua natal – el inglés – fue hábil en los idiomas bíblicos: hebreo, griego y latín, y también aprendió italiano, español, alemán y francés.
Durante su estadía en Oxford, además de aumentar su conocimiento en lenguas bíblicas y modernas, aprovechó para estudiar otras artes; sin embargo, tuvo un especial apego por el estudio de las Escrituras. Fue tanta su pasión por el estudio de la Biblia que, secretamente, y sin desaprovechar el tiempo, instruía a sus amigos y colegas de Oxford para que conocieran las verdades que encierra este Sagrado Libro. Por otro lado, se familiarizó con los escritos de Martín Lutero y, de manera especial, con las obras de Erasmo de Rotterdam, pues gracias a la edición del Nuevo Testamento en griego que este último preparó, conoció la verdad sobre la doctrina de la justificación por la fe.
Su dedicación y pasión se hicieron notar rápidamente, por lo que fue acusado de promover el luteranismo en Inglaterra. En 1515 completó su maestría en Oxford, y luego se mudó a Cambridge. El motivo de su mudanza, más que por un asunto académico, fue porque al parecer las autoridades de Oxford empezaron a conspirar contra él, debido a que instruía a sus amigos cercanos, secretamente, sobre la Biblia.
En la historia de la fe cristiana entre los pueblos de habla inglesa, la traducción de la Biblia de William Tynda le fue la que hizo de Ellos “un pueblo del Libro”. La vida de él fue vertida aun hasta el punto de muerte para lograr ese objetivo, y cada generación de creyentes necesita escuchar nuevamente la historia de su vida y su muerte”. (Michael A. G. Haykin).
Una vez en Cambridge, no sólo afinó sus conocimientos en los idiomas bíblicos y el latín, también estudió de manera más profunda la Palabra de Dios.
Contexto histórico: Problemática
Cuando Tyndale entraba en la escena del mundo, Inglaterra yacía cubierta de una oscura noche de tinieblas espirituales. La iglesia en Inglaterra permanecía envuelta en la medianoche de la ignorancia espiritual. El conocimiento de la Escritura casi se había extinguido en el País. Aunque había unos veinte mil sacerdotes en Inglaterra, se decía que ni siquiera ellos eran capaces de traducir una simple línea del Padre Nuestro. Los clérigos estaban tan hundidos en una ciénaga de superstición religiosa, que no tenían ningún conocimiento de la verdad. Las únicas Escrituras en inglés eran unas pocas copias a mano de las Biblias Wycliffe, traducidas de la Vulgata Latina, una traducción de la Biblia hebrea y griega al latín, realizada por Jerónimo a finales del siglo IV (en el año 382 d.C.). Los Lolardos (o wyclifistas), un pequeño grupo de valientes predicadores y seguidores de Wycliffe, distribuyeron ilegalmente estos libros prohibidos. La sola posesión de la traducción de Wycliffe condujo a muchos al sufrimiento; algunos incluso enfrentaron la muerte. El Parlamento aprobó una ley conocida como “De herético comburendo” (“Respecto a la quema de herejes”, del latín), en 1401, la cual, como lo indica su título, legalizaba la quema en la hoguera de los considerados “herejes” por la iglesia católica. Traducir la Biblia al inglés se consideraba un crimen capital. En 1408, Thomas Arundel, el arzobispo de Canterbury, escribió las Constituciones de Oxford, las cuales prohibían cualquier traducción de la Biblia al inglés, a menos que fuera autorizada por los obispos. Aun enseñar la Biblia era ilegal en Inglaterra y se consideraba como un crimen digno de muerte.
La más cruda oscuridad reinante
Hacia 1520, los académicos de Oxford y Cambridge leían y discutían las obras de Lutero. Esta llama era avivada por la disponibilidad del Nuevo Testamento en griego (de Erasmo), que era acompañado por su traducción latina en 1516, un año antes de que Lutero publicara sus famosas noventa y cinco tesis. Este recurso fue muy valioso para los académicos que leían griego y latín, pero no tenía ninguna utilidad para el hombre inglés común que no leía ninguno de los dos idiomas. Si la Reforma iba a llegar a Inglaterra, no bastaría con simplemente gritar ‘Sola Scriptura’. Debía haber una traducción de la Biblia al idioma inglés para que el pueblo leyera; pero, ¿cómo podía llegar a ocurrir?
Los campesinos conocerán la Biblia
Antes del comienzo de 1522, Tyndale, que en ese momento, probablemente, había sido ordenado como sacerdote, aceptó el puesto donde trabajaba para la acaudalada familia de Sir John Walsh, en su hacienda. Se desempeñaba como tutor principal de los hijos, capellán privado de la familia y secretario personal de Sir John, cuyo hogar era sede de comidas con numerosos invitados, en donde trataban temas en boga, como los casos de Erasmo y Lutero. Entre los concurrentes había sacerdotes romanistas, que adquirieron resentimiento en contra de Tyndale, a causa de sus sólidos argumentos escriturales que refutaban los errores doctrinales y religiosos de la época.
En varias reuniones que se llevaron a cabo en la casa de Sir Walsh, Tyndale mostró que sus invitados eran ignorantes al abrir la Palabra de Dios. Esto, en efecto, creó rivalidad y rencor hacia él.
Al considerar el estado espiritual de Inglaterra, Tyndale llegó a entender claramente que Inglaterra nunca sería evangelizada usando Biblias en latín; él concluyó: “Era imposible establecer a los laicos en cualquier verdad, a menos que la Biblia fuera expuesta ante sus ojos en su lengua materna”.
No mucho tiempo después, Tyndale estaba en compañía de un cierto teólogo, considerado como erudito, y al conversar y discutir con él, lo condujo a esta cuestión, hasta que dicho gran doctor prorrumpió en estas palabras blasfemas: “Nos iría mejor sin la Ley de Dios que sin la ley del papa”. Tyndale le respondió con valentía: “Yo desafío al papa y a todas sus leyes… Si Dios me da vida por muchos años, haré que un campesino sepa más de la Escritura que tú”. Desde ese punto en adelante, la ambiciosa tarea de traducir la Biblia al inglés fue el propósito dominante de la vida de Tyndale.
Comienzos de una obra
Tyndale viajó a Londres, en 1523, con el fin de buscar la aprobación oficial para una traducción y publicación autorizadas de una Biblia en inglés. Concertó una reunión con el obispo de Londres, Cuthbert Tunstall, un académico y reconocido clasicista que había colaborado con Erasmo en su Nuevo Testamento griego. Pero encontró una gran oposición a la idea de una traducción al inglés. Tunstall creía que una Biblia en inglés, accesible al pueblo, generaría un caos, por lo que le puso trabas a Tyndale.
Al considerar el estado espiritual de Inglaterra, Tyndale llegó a entender claramente que Inglaterra nunca sería evangelizada usando Biblias en latín; él concluyó: “Era imposible establecer a los laicos en cualquier verdad, a menos que la Biblia fuera expuesta ante sus ojos en su lengua materna”.
Mientras estaba en Londres, predicó en numerosas ocasiones en la Iglesia de Saint Dunstan. Un día, un adinerado mercader de telas llamado Humphrey Monmouth, lo oyó predicar en Saint Dunstan y decidió cubrir sus gastos. Este benefactor le permitió permanecer en Londres durante un año, mientras desarrollaba el plan para su traducción de la Biblia.
Dicho plan implicaba un paso radical. Para cumplir esta osada misión, “no había lugar en toda Inglaterra para hacerlo”. Con la oposición, tanto de la iglesia como de la corona inglesa, se dio cuenta de que debía dejar el País y emprender su épica obra en otro lugar.
En la primavera de 1524, a la edad de 30 años, navegó hacia el continente europeo para iniciar su esfuerzo de traducción y publicación. Lo haría sin el consentimiento del rey de Inglaterra, una clara infracción de la ley establecida. En consecuencia, cada texto bíblico que traducía lo hacía de manera ilegal. Luego que dejó sus costas nativas, viviría exiliado por el resto de su vida. Jamás volvería a su amada Patria. Durante los siguientes doce años viviría en suelo extranjero como un fugitivo y expatriado de la corona inglesa. Tyndale escribió:
“Por tanto, yo debo tener siempre la ley en mi mirada, para que pueda ser manso en el espíritu y dar a Dios todo loor y alabanza, adjudicándole a Él toda rectitud, y a mí toda injusticia y pecado. Además, debo tener las promesas delante de mis ojos, para no desesperar; en dichas promesas veo la misericordia, favor, buena voluntad de Dios sobre mí en la sangre de Su Hijo Cristo, que ha hecho satisfacción por mi imperfección, y cumplió por mí aquello que yo no pude.”
Traducción del Nuevo Testamento
Habiendo llegado primero a Hamburgo, Alemania, en 1524, Tyndale pronto viajó a Wittenberg, para aprender del gran reformador alemán Martín Lutero. Puede que lo haya hecho de incógnito.
Durante su estadía en Wittenberg, comenzó la obra de traducción del Nuevo Testamento del griego al inglés. Encontró un impresor, Peter Quentell, quien aceptó imprimir su nueva traducción. Sin embargo, el secreto de la impresión se quebró cuando uno de los trabajadores de la imprenta cayó bajo la influencia del vino y habló abiertamente sobre esa tarea clandestina. Johann Cochlaeus, un enardecido opositor de la Reforma, escuchó lo que hablaban, y de inmediato organizó una incursión a la imprenta.
La obra del Nuevo Testamento
El Nuevo Testamento de Tyndale fue el primero en traducirse del griego original al inglés. Fue además la primera Biblia en inglés que fue impresa de manera mecánica. Antes de eso, sólo había unas pocas copias manuscritas de la Biblia en inglés de John Wycliffe, traducida siglo y medio antes. La obra de Tyndale era muy superior. Schöffer completó la impresión inicial, produciendo unas tres mil copias.
Listas para la entrega en la primavera de 1526, embarcó sus Biblias, ocultas en fardos de algodón, a través de las rutas comerciales internacionales a Inglaterra. Mercaderes de textiles luteranos alemanes que vivían en Inglaterra recibieron el envío disfrazado, y estaban listos para distribuir las Biblias. Una vez que pasaron a los agentes reales, los libros prohibidos fueron recogidos por una sociedad protestante secreta llamada “La Hermandad Cristiana”, y llevados por toda Inglaterra a diversas ciudades, universidades y monasterios. Las Biblias recién impresas fueron vendidas a ingleses anhelantes — mercaderes, estudiantes, sastres, tejedores, albañiles y labradores, por igual — hambrientos de leer y crecer en su conocimiento de la Palabra de Dios.
Para el verano de 1526, autoridades de la iglesia en Inglaterra habían descubierto la circulación clandestina de la Biblia de Tyndale. El arzobispo de Canterbury y el obispo de Londres estaban furiosos, por lo que confiscaron cada Biblia que pudieron encontrar. Las autoridades de la iglesia católica inmediatamente declararon la compra, venta, distribución o posesión de esta Biblia como un delito grave que acarrearía un severo castigo.
Oposición y obstáculos
En mayo de 1527, los opositores de Tyndale maquinaron un ingenioso plan para detener la propagación de las Biblias ilegales. William Warham, el arzobispo de Canterbury, conspiró para comprar las copias restantes de la Biblia con el fin de destruirlas.Al principio, esta diabólica artimaña parecía brillante, pero pronto le jugó en contra, pues el dinero de las ventas proveyó los recursos que necesitaba Tyndale para luego producir una segunda edición revisada de su obra. Lo que Warham propuso para mal, Dios lo encaminó a bien. Esto permitió la producción de una versión aún mejor, con un mayor tiraje.
Los opositores de Tyndale pronto implementaron un plan más agresivo para detenerlo. Se inició una cacería para apresar a este notorio enemigo del Estado, y cualquiera que lo ayudara sería castigado. Sin embargo, todos los intentos de capturar a este huidizo reformador resultaron infructuosos, ya que usando de mucha astucia y buscando su seguridad se retiró a Marburgo. Hacket informó a Inglaterra que a Tyndale no lo encontraban en ninguna parte.
Traicionado, encarcelado y condenado
En los primeros meses de 1534, Tyndale se mudó a una casa de mercaderes ingleses, en Amberes, como huésped de Thomas Poyntz, un acaudalado mercader. Poyntz, un partidario de la causa reformada, era “un astuto buen amigo y leal simpatizante”, quien puso a Tyndale bajo su protección; incluso le proveyó un salario mientras Tyndale trabajaba en su proyecto de traducción y otros escritos. El capellán de esta casa inglesa era un hombre llamado John Rogers. A través de la instrucción e influencia de Tyndale, Rogers se convirtió en un leal partidario de las doctrinas reformadas. Rogers finalmente compilaría su propia Biblia en inglés (bajo el seudónimo de “Thomas Matthew”), en 1537, conocida como la Biblia Matthew.
Para el verano de 1526, autoridades de la iglesia en Inglaterra habían descubierto la circulación clandestina de la Biblia de Tyndale. El arzobispo de Canterbury y el obispo de Londres estaban furiosos, por lo que confiscaron cada Biblia que pudieron encontrar. Las autoridades de la iglesia católica inmediatamente declararon la compra, venta, distribución o posesión de esta Biblia como un delito grave que acarrearía un severo castigo.
Esta famosa edición contenía el Nuevo Testamento, el Pentateuco, los libros históricos y Jonás, de Tyndale, con cambios menores. El resto del Antiguo Testamento fue sacado de la Biblia Coverdale (compilada por el clérigo Myles Coverdale, y publicada en 1535). En 1555, Rogers se convertiría en el primer mártir protestante bajo la reina María I, también conocida como “María la Sanguinaria”.
Al sentirse más seguro, Tyndale se dedicó a trabajar en la revisión de la traducción de su Nuevo Testamento, el que ha sido denominado “la gloria de la obra de su vida”. Esta segunda edición apareció en 1534, ocho años después de la primera. Contiene unos cuatro mil cambios a la edición de 1526, aunque algunos afirman que tiene como unas cinco mil revisiones.
En Inglaterra, un hombre llamado Henry Phillips se encontraba en una desastrosa situación, después de apostar y perder una enorme suma de dinero que su padre le había dado para pagar una deuda. Un alto oficial de la iglesia, posiblemente el obispo de Londres, John Stokesley, se enteró de su situación desesperada. Phillips fue visto como el cómplice perfecto para otra perversa estrategia a fin de arrestar aTyndale. Le ofrecieron una gran cantidad de dinero para que viajara a Europa y lo ubicara. Al igual que Judas, Phillips aceptó la oferta.
Phillips llegó a Amberes a comienzos del verano de 1535, y entabló, de forma diabólica, una fingida amistad con Tyndale. Pese a las advertencias de Poyntz, Phillips se ganó su confianza, y lo atrajo hacia un estrecho callejón, donde unos soldados lo esperaban para arrestarlo.
Después de doce años como fugitivo, el escurridizo Tyndale por fin fue capturado y puesto bajo custodia. Al ser arrestado, el voluminoso manuscrito de su más reciente labor de traducción, de Josué a 2 Crónicas, escapó de la confiscación. Probablemente, haya sido Rogers, su amigo y compañero cercano, quien reunió los escritos para ponerlos a salvo.
Su encarcelamiento
Tras su captura, Tyndale fue encarcelado. Temblando en los fríos y húmedos calabozos de este castillo-prisión, esperó más de un año su juicio, el cual fue una farsa de justicia. Durante sus quinientos días de confinamiento, escribió otro tratado: “Sólo la fe justifica ante Dios”, defendiendo hasta el final la verdad primordial que había detrás de su encarcelamiento.
Durante el crudo invierno de 1535, escribió en una carta final: “Sufro enormemente del frío en la cabeza, y me aflige un incesante catarro (secreción), que aumenta mucho más en esta celda…Mi capa está gastada; mis camisas también lo están”; él solicitó “una lámpara en la noche; es realmente agotador sentarse solo en la oscuridad. Pero, sobre todo, ruego e imploro a su clemencia que le urja al comisario… que me permita tener mi Biblia en hebreo, la Gramática Hebrea, y el Diccionario Hebreo, para poder pasar el tiempo estudiándolos”. Estos meses fueron “un largo morir rumbo a la muerte”.
El martirólogo John Fox escribió que mientras Tyndale estaba en prisión, “influenciaba a sus mismísimos… enemigos”, pues “convirtió a su guardia, a la hija del guardia y a otros de su casa”. Pese al frío y al sufrimiento en las entrañas de esta prisión de piedra, al igual que el apóstol Pablo en su prisión romana, el corazón de él aún ardía con la verdad del Evangelio y un gozo innegable.
En agosto de 1536 fue llevado a juicio delante de sus acusadores, quienes presentaron una larga lista de cargos en su contra. Entre éstos se mencionaron que Tyndale afirmaba que la justificación es sólo por la fe, que las tradiciones humanas no pueden obligar a la conciencia, que la voluntad humana está esclavizada por el pecado, que no existe el Purgatorio, que ni María ni los santos hacen oraciones por nosotros y que, por lo tanto, no debemos orar a ellos. Todo esto lo convirtió en enemigo, tanto de la iglesia católica como del Estado. Fue condenado por “herejía”.
Después de doce años como fugitivo, el escurridizo Tyndale por fin fue capturado y puesto bajo custodia. Al ser arrestado, el voluminoso manuscrito de su más reciente labor de traducción, de Josué a 2 Crónicas, escapó de la confiscación.
Llevado al lugar de la ejecución, fue atado a la estaca, estrangulado por el verdugo, y luego consumido por el fuego, en la ciudad de Vilvorde, en las afueras de Bruselas, Bélgica, el año 1536 d.C. En la estaca oró con un ferviente celo y con gran clamor: “¡Señor, abre los ojos del rey de Inglaterra!”
Al final, Dios escuchó la agónica oración de Tyndale.
Conclusión
La traducción de Tyndale y las que se basaron en ella formaron la base de la Versión King James en 1611, y a través de ella, casi de todas las traducciones inglesas desde entonces. Hoy las traducciones inglesas son muchas, pero tienen un origen singular en la obra fundacional de Tyndale. Las casas publicadoras de Biblias inglesas siguen sosteniéndose sobre los fornidos hombros de los pioneros esfuerzos de Tyndale.
Tyndale, en su amor por Dios y por la Palabra, vivió negándose a sus comodidades y placeres, siendo perseguido, humillado y, al final, martirizado por causa de su fe.
Anhelamos que haya un renovado compromiso con la suficiencia y la exclusividad de este Libro teñido de sangre que no siempre valoramos, porque, ¿de qué nos sirve que tengamos disponible tantas versiones de las Escrituras en nuestro idioma si no hacemos uso de ellas?
Como dice Neil Lightfoot: “El que un granjero moderno tenga una variedad de nuevo equipo no garantiza una cosecha exitosa. El equipo debe ser usado. De igual manera, en un período donde la gracia de Dios abunda en la provisión de nuevas y mejores ayudas para el estudio de la Biblia, no demos por sentado que la presencia del equipo puede sustituir el uso de él. Que Dios conceda que continuemos siendo un pueblo de un Libro, y que ese Libro sea la Biblia”.

Bogotá / Colombia
Luisa Cruz
Colaboradora y escritora del ministerio Tesoros Cristianos, servidora en su iglesia local. Nacida en la ciudad de Bogotá dónde reside actualmente.